¿Lo acepto o me resigno?

La resignación hace que nos encontremos amarrados o bloqueados en una situación, sin capacidad de elección, funcionando en estado de “inercia”

“Es lo que hay”

“No queda de otra”

“No me gusta mi vida, pero es lo que me tocó”

“Ya no estoy en edad para eso”

¿Cuántas de esas frases se nos hacen familiares?

La resignación hace que nos encontremos amarrados o bloqueados en una situación, sin capacidad de elección, funcionando en estado de “inercia”. Y muchas veces nos lleva a decir y sentir las frases que mencionamos con anterioridad.

Muy contrario a la resignación es la aceptación, un estado que nos impulsa a buscar alternativas de hacer cosas diferentes y nos abre las puertas a la acción. La mirada desde la aceptación viene de la mano con el auto-respeto y auto-escucha de una forma más genuina que nos permite tomar decisiones aterrizadas y por ende dejamos de luchar contra aquello no podemos cambiar, algo así como estar en paz con nosotros mismos.

Nuestra capacidad como seres humanos de emitir juicios nos permite identificar dos áreas de la vida que se contraponen: la Facticidad y la Posibilidad.

La Facticidad es el dominio de todo aquello que juzgamos que es imposible de cambiar hagamos las maniobras que hagamos. La Posibilidad por su parte es el espacio que nos ofrece un futuro diferente si actuamos de manera diferente y está todo aquello que podemos cambiar. 

La emocionalidad nos permite ver lo que consideramos posible y lo que no. Hay ciertas personas que no logran ver oportunidades de cambio donde otras sí lo logran.

El resentimiento

Es normal que todos los seres humanos en algún momento hayamos pasado por el estado de ánimo del resentimiento donde nos esforzamos en luchar contra aquello que no podemos cambiar e interpretamos que hemos sido víctimas de una situación injusta. Le damos vuelta y vuelta a la idea de que teníamos el derecho de obtener algo que nos fue negado negándose una posibilidad. Es ahí cuando algo o alguien toma en nuestras cabezas el rol de culpable por lo sucedido y nos prometemos lograr que ese alguien pague por esa injusticia, abriendo paso a la venganza: la venganza es una consecuencia del resentimiento.

¿Qué nutre el resentimiento?

Existen dos fuentes importantes que alimentan el resentimiento:

1- Las promesas que no se cumplieron.

2- Nuestras expectativas.

El resentimiento es silencioso y habita muy fuerte dentro de las personas, hacemos el juicio que si hacemos un reclamo de forma pública las consecuencias serán peores. El resentimiento emerge de la impotencia y a menudo la reproduce. 

La buena noticia es que tenemos herramientas para salir de este estado de ánimo:

1- Detecta el motivo de tu resentimiento: el primer paso para afrontar el resentimiento es observar contra quièn estamos dirigiendo esa hostilidad. Identificarlo  nos ayudará a deshacer esa dinámica de hostilidad del modo más rápido posible.

2. Anota las consecuencias negativas de sentir resentimiento: detente a pensar y haz un listado de las consecuencias negativas de sentirte en este estado y còmo te sientes al albergar esa antipatía hacia alguien, sin olvidar que el tiempo también es un aspecto a tener en cuenta, cuanto más prolonguemos esta fase, más durarán sus daños.

3. Asume que aceptar no es perdonar: aceptar que algunas personas no están hechas para tener un papel importante en nuestras vidas es necesario para superar el resentimiento que en algunos casos podamos albergar contra alguien.

4. Aprende a no tomártelo como algo personal: si adoptamos una perspectiva distante, veremos que los sucesos únicamente tienen importancia si se la damos, y que a no ser que les demos protagonismo a quienes nos ofenden, podemos hacer que lo que opinen de nosotros o el hecho de que nos intenten incomodar no tenga importancia.

5. Asume que la gente no es perfecta: finalmente, nos ahorraremos muchos momentos de enfado y resentimiento si aprendemos a aceptar que cometer errores no es en sí motivo para que nos enemistemos con alguien, incluso si eso tiene consecuencias significativamente negativas para nosotros.